viernes 9 de abril de 2010

B-boys: o de los primeros pasos para poner al mundo de cabeza

Se nos puede acusar de cierta inconsistencia en las ideas aquí vertidas: que, por una parte, iniciamos la primera entrada de este espacio diciendo que todo lo que aquí se dice ya se ha dicho antes, y que, por otra, todo siempre está en constante cambio. Pareciera pues que decimos que aquello que cambia, en realidad no cambia o, mejor dicho, que todo se transforma pero que al mismo tiempo nada se transforma, que todo, dicho en otro de los tantos españoles de México, al final es la misma gata revolcada. Ya tendremos tiempo de debatir esta idea hasta el momento irrefutable, y no por falta de argumentos en contra o a favor, ni por falta de sustancia para el debate, sino por la sencilla razón de la falta de interlocución.
Todo aquello que quiera debatirse tendrá que ser parte de una interlocución, y como hasta el momento son pocos los ojos que se posan por este espacio, poco transitado incluso por sus miembros fundadores, como suele decirse por ahí, ojos que no ven, corazón que no siente; dicho éste con el que podría poner el grito en el cielo la población invidente, al excluírseles de la posibilidad de hacer uso de otras de las tantas capacidades del corazón: comprender al mundo; eso sí, si los ángeles o los demonios, según sea el grupo encargado de recibir la queja, no se hacen, irónicamente, de la vista gorda o, como mejor les vendría, si no hacen como que la virgen les habla, que guadalupanos, sin duda, ellos los primeros.
Porque razones para no tener la capacidad de comprender el mundo a través de la mirada hay muchas, que van desde accidentes de carácter genético o fisiológico, hasta problemas de carácter psicológico o social: ya dijimos la vez pasada que entre la especie corvux corax se pueden sacar los ojos; pero también se da la ocasión, por ejemplo, similar a la de Malcolm X, luchador social de la comunidad afroamericana en Estados Unidos de América, allá a mediados del siglo XX, quien a su regreso de Oriente Medio respondió a la pregunta de un incómodo periodista que “la verdad lo había cegado”; y, como también ya advertimos, los casos en los que resulta conveniente hacerse de la vista gorda, se pueden presentar hasta en las más altas y divinas esferas de la vida en sociedad, asumir sin mayores miramientos el vínculo filial con la ignorancia, prima hermana de la ociosidad y, por tanto, tía de todos los vicios.
Ignorar el mundo cuando está de cabeza nunca ha sido la mejor solución, si lo que se pretende es ubicar nuestra posición y situarla en su justa dimensión: ni más, ni menos. Pero entender nuestro lugar, en nuestro espacio y con nuestros referentes, ubicarnos en nuestra justa dimensión, tampoco es una tarea sencilla, podemos y nos hemos roto la cabeza en el trayecto, incluso unos y unas a otras y otros; pero también podemos resolver el problema como Alejandro, alias “El Jano, René, alias “El Mix” y Luis, alias “El Wicho”, hermanos los dos últimos, quienes decidieron no sólo ponerse a pensar, como quien dice, utilizar el coco, y participar en un mundo de cabeza, sino poner de cabeza al mundo, con las debidas precauciones de lo que utilizar la testa como soporte supone, inteligencia esta de saber cómo darle la vuelta a un mundo que, dicen los teóricos de la posmodernidad, se nos viene encima, envidia de Atlas, decían los mitólogos de la antigüedad, quien por no haberle encontrado otro uso al casco corintio la antigua Grecia tuvo que sostener al mundo entre sus hombros.
El Jano y los hermanos llegan o los martes, o los miércoles, o los sábados, o los domingos a la esquina de Avenida de los Insurgentes y Camino al Desierto de los Leones para poner al mundo de cabeza entre semáforos, miradas de peatones y peatonas, de vendedores y vendedoras ambulantes, de empleados y empleadas de oficina, de automovilistas con sus respectivos automóviles con sus respectivos escapes, su respectiva contaminación y sus respectivos cláxones en hora pico, puestos de periódicos y, por supuesto, fotógrafos o fotógrafas de la ciudad. Para el quiebre de esta tribu de B-boys, la melodía, la armonía y el contrapunto son el bullicio de la ciudad a las dos de la tarde cuando el ipod y el amplificador no los acompaña.
Desde el surgimiento de este movimiento de protesta como resultado de la situación económica y social adversa de la comunidad afroamericana y latina en la ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos de América, allá por los sesentas y setentas del siglo XX, pocos años después del asesinato de Malcolm X en Manhattan, en esa misma ciudad, el pavimento se convirtió en el escenario por excelencia. No es difícil imaginar por qué el movimiento tuvo una gran aceptación en el resto del mundo occidentalizado: la fuerza de los pasos y movimientos, logrados sólo con una preparación similar a la de los atletas, cautiva a cuanta gente se atraviesa, en estos casos, ni cómo hacerse de ojos de hormiga.
Prácticamente no hay cultura, dicen los antropólogos, y es probable que también toda tribu tribal antigua, que no tenga manifestaciones dancísticas. El baile y la danza son no sólo formas de expresión, sino también un sistema de comunicación y de ello supueron sacar provecho los fundadores del hoy conocido movimiento B-boying. En la actualidad los eventos masivos consisten en competencias en las que los miembros de diferentes grupos bailan coordinadamente para mostrar sus mejores pasos a la audiencia, la que al final juzga y decide qué equipo ha desarrollado el mejor estilo. Pero no falta quien diga que los grupos no sólo bailan coordinadamente, que los miembros también bailan de manera individual; pero no nos equivoquemos, el que uno de ellos o ellas salga al escenario a quebrar el esqueleto de manera personal no quiere decir que lo haga de manera individual, todo lo contrario, cuando baila solo o sola lo hace porque el grupo promueve el crecimiento y el desarrollo de todos sus miembros, al propiciar que cada uno de ellos tenga la libertad de mejorar su estilo y al final mejorar el estilo de la colectividad con las innovaciones de cada participante.
Así pues surgió el movimiento, y conforme fue evolucionando y transformándose de generación en generación, de colonia en colonia, de pueblo en pueblo y de país e país, se incorporaron como principales valores la unidad, el amor, la paz y la diversión. Como buen movimiento incluyente, tampoco olvidaron señalar que no todo breakdancer o hiphoper de las calles o de los eventos es un b-boy, también las hay b-girls, mujeres que nada tienen que envidiar a los hombres, y si alguien todavía lo duda, sólo hace falta echarle un vistazo o preguntarle, si alguien la tiene cerca o sabe dónde localizarla, a Sofía Boutella, b-girl considerada por muchos y muchas como una de las mejores breakers del mundo.
Aunque en México y en su capital, el movimiento no tiene la fuerza que en otros países ha alcanzado, nos dice René, el motivo de los hermanos para utilizar el asfalto del sur de la ciudad como pista de baile es practicar y conseguir el dinero suficiente para pagar el entrenamiento, aprendizaje, la indumentaria y las cuotas de inscripción a los concursos y eventos locales de B-boys, que son pocos. Los motivos para juntarse, como toda tribu, son muchos otros.
Al movimiento B-boy en nuestros días se le ha clasificado en el mundo de las disertaciones teórico-científicas de la sociedad como tribu urbana. En general, toda tribu urbana puede compartir intereses comunes como el lenguaje o los símbolos, la vestimenta, la indumentaria, los sentimientos, las vivencias, y los símbolos, hay que repetir, la vestimenta, el lenguaje, la indumentaria, las vivencias, el lenguaje, y no olvidemos a las las filiaciones políticas, los partidos políticos, la ideología, el conocimiento científico, las aficiones futbolísticas, lúdicas, y, claro está, un espacio y un tiempo común, historia pues.
A diferencia de lo que los antropólogos han denominado como tribus, tal vez rurales o nómadas, pero definitivamente no urbanas, que ese es campo de los sociólogos, y no falta a quien le disguste la similitud, pero entonces, a diferencia de las tribus tribales de la antiguedad, las tribus del asfalto no necesariamente tienen vínculos filiales, lo que en el caso del Mix y el Wicho es inoperante, a ellos dos los une la mezcla de su padre y de su madre; contrario al surgimiento de las tribus tribales primerísimas de hombres y mujeres, allá muchos siglos antes de cristo, catervas aquellas tal vez nómadas o rurales, pero definitivamente no urbanas, mucho tiempo antes de la creación del primer casco corintio de la antigua Grecia -ese que Atlas desaprovecho, recordemos, y que le costó tener que aguantar a una humanidad que con el paso del tiempo se hace más numerosa-, a las tribus urbanas surgidas en el siglo XX y XXI en los países de herencia occidental, se les ha asociado con la subcultura, es decir, con una cultura que está debajo de otra cultura, como decíamos, una serie de símbolos, de vestimenta, de indumentaria, de sentimientos y vivencias, de filiaciones políticas, lúdicas, y demás historia en común, que subsisten debajo de otros símbolos, vestimentas, etcétera, etcétera, que persisten; vaya pues, de algún modo teníamos que explicar la razón por la cual a alguien se le ocurrió la idea de acuñar el término “sub-cultura”.
Pero de vuelta en nuestros asuntos, el sábado y el domingo Distrito Federal, agrega René, son los mejores días para bailar en el asfalto de la Avenida de los Insurgentes, entre el medio día y las cuatro de la tarde, pues, en jornadas excepcionales, entre doscientos cincuenta y trescientos pesos pueden terminar repartidos entre sus bolsillos y sus estómagos, que, como como es previsible, todo derroche de energía tiene siempre que recuperarse de algún modo, y todo gracias a la cooperación de la gente que aprecia el esfuerzo de esta tribu, urbana que no rural como ya dijimos, preparación atlética, agreguemos, a la que algunos días le dedican más de ocho horas.
Sus trayectos no son cortos, pero tampoco son tan largos como habíamos dicho con anterioridad. A pesar de tanto giro, pirueta y cabriola, sus respectivas casas no están, como quien dice, a la vuelta de la esquina; vienen desde la Delegación Magdalena Contreras, donde los cruceros no resultan tan prometedores. En este punto del sur de la ciudad, por el contrario, las solicitudes de la gente son de todo tipo, desde “quítense par de pendejos huevones, pónganse a trabajar en vez de obstruir la calle”, pasando por el “chingatumadre” del claxon, que más que petición es exhorto, hasta el “a ver güeyes hagan ese movimiento que está bien chido”, o, finalmente, como aquí evidenciamos, no falta quien, con o sin oficio, interrumpe y salta al asfáltico escenario con un: “¿les puedo tomar unas fotografías?”. Pero no se puede esperar menos de quienes desde un principio tenían la fiel convicción de poner al mundo de cabeza.
Lo importante antes, durante y después de la manifestación dancística, aclara el Mix, es permanecer enfocado en el objetivo, advertir la prudencia de nuestras reacciones, mantenerse equilibrado o, como quien dice, que la sangre no se nos suba a la cabeza, o se nos baje, según se quiera ver, principio que también han adoptado muchos otros movimientos de manifestación y resistencia, pues es sabido que para poner el mundo de cabeza siempre hace falta, en un principio, sólo un poco de coordinación.

¡Que la Otra Verdad nos haga Libres!

P.D. Estimados Jano, Wicho, Mix y D (de desconocido, para evitar el error) , la serie completa de fotografías la pueden consultar en este vínculo.

2 comentarios:

  1. Pues aquí me tienes pagando tu amabilidad de visitar el blog de un servidor, y presentando una disculpa como lo hice en la respuesta a tu comentario:

    No supe que pasó, ni porque se borraron tu/tus comentarios anteriores, no tengo ni la más remota idea; pero la disculpa aquí está.

    Un saludo y espero que no sea la última vez que te des una gira por allá, donde siempre serán bienvenidas "vuestras palabras".

    Salute!

    ResponderSuprimir
  2. Estimado,

    Pues yo estoy peor que tú, no borro los mensajes, pero pero no los contesto (no abundaré). En realidad, sí sigo tu blog, lo tengo en favoritos, no me he inscrito como seguidor, pero prometo hacerlo, también para darle difusión, que viendo tus estadísticas no lo requiere, aunque debo aclarar, no fue eso lo que me motivó a escribir en él, sino que es el único blog que encontré con el título o relativo a la Ciudad de México, aunque veo que tus ánimos e intereses trascienden las cada vez menos claras fronteras de esta megalópolis.

    He revisado las últimas entradas que has escrito en tu espacio, en las que ya dejaré mi(s) comentario(s). Te agradezco esta devolución, en realidad soy nuevo y no sé si así funciona la cosa (dando y dando), pero más allá de eso, ojalá pueda dejar algo más que un interés por difundirnos, este mi intento por transformar la ciudad y nuestros referentes como mexicanos y mexicanas.

    Por último, con respecto a mis comentarios "borrados", yo tampoco sé qué pasó, con el explorer aparece una aplicación y con el firefox no, es decir, esto de los applets y su configuración es un tanto complicado y, obviamente, no es mi especialidad ni pretendo que lo sea en los próximos meses.

    Bueno hagamos debate y, sobretodo, contribuyamos y coordinémonos para que esta que llamamos nuestra ciudad, realmente pueda transformarse.

    Saludos.

    ResponderSuprimir